Empleos verdes y tecnologías agrícolas sostenibles. El caso de la producción de quinua en los países andinos
¿Qué hace falta para que una actividad agrícola tradicional se convierta también en una fuente de empleos verdes? Este estudio analiza la producción de quinua en Bolivia, Perú y Ecuador y las barreras para adoptar prácticas más sostenibles.
En los países andinos, cerca de un tercio de la población ocupada trabaja en la agricultura familiar. El sector es central para la seguridad alimentaria y los ingresos rurales, y se encuentra especialmente expuesto a la variabilidad climática y a la degradación de los recursos naturales.
La producción de quinua en Bolivia, Perú y Ecuador ofrece un caso concreto para entender estos desafíos. Su expansión hacia mercados de exportación generó nuevas oportunidades, pero también estuvo acompañada por prácticas que aumentaron la presión sobre los suelos y pusieron en tensión la sostenibilidad de la actividad.
La investigación de Sur Futuro e INESAD analiza cómo distintas tecnologías y prácticas agrícolas sostenibles pueden contribuir a mejorar la productividad, fortalecer la resiliencia climática y generar mejores oportunidades de trabajo en las comunidades productoras.
La transición hacia una agricultura más sostenible depende tanto de las tecnologías disponibles como de las condiciones que permiten a los productores adoptarlas.
El estudio desarrolla una taxonomía de 15 prácticas agrícolas sostenibles y analiza su adopción en los tres países. Los resultados muestran avances heterogéneos y barreras vinculadas al riesgo, el acceso al financiamiento, la asistencia técnica y las condiciones productivas de cada territorio.
La investigación incorpora además una perspectiva de género para identificar las barreras específicas que enfrentan las mujeres productoras, especialmente en el acceso a tierra, crédito, asistencia y tecnologías.
Los hallazgos muestran que avanzar hacia empleos verdes en la agricultura requiere combinar innovación, financiamiento, conocimiento técnico y saberes productivos locales. Fortalecer esas condiciones puede contribuir a mejorar los ingresos, proteger los ecosistemas y aumentar la resiliencia de las familias productoras.