El clima está cambiando. Los trabajos también.
La última década fue la más cálida desde que existe registro. El planeta no solo se está recalentando: las olas de calor, sequías, inundaciones y huracanes son cada vez más frecuentes e intensos. A esos eventos se suman procesos más silenciosos, como la pérdida de biodiversidad, la degradación de suelos y la alteración de los ciclos del agua.
América Latina y el Caribe está especialmente expuesta. La región alberga más del 40% de la biodiversidad del planeta y casi un tercio de las reservas de agua dulce, pero también enfrenta riesgos ambientales que ya afectan sus economías, territorios y medios de vida.
La crisis climática no es solo un problema ambiental. Es también un problema económico y laboral. Los shocks climáticos reducen la productividad agrícola, presionan los recursos hídricos y debilitan los ingresos de millones de personas, especialmente en zonas rurales y costeras.
La región enfrenta dos tareas al mismo tiempo: reducir emisiones y adaptarse a impactos que ya están ocurriendo. Esa doble transformación abre oportunidades, exige reconvertir sectores y vuelve más urgente proteger a quienes trabajan en actividades expuestas al clima.
A prueba de futuro: un marco para construir mercados laborales resilientes
Entender qué está pasando no alcanza. Hace falta un marco para saber dónde actuar.
En Sur Futuro trabajamos para ampliar las oportunidades de empleo en la región. Nuestra convicción es que el futuro no está escrito: lo estamos creando con nuestras acciones. Por eso desarrollamos A prueba de futuro, un marco para interpretar y abordar los desafíos al trabajo que plantean las grandes megatendencias.
Este documento aplica ese marco a la dimensión climática. La premisa es simple: el cambio climático no solo transforma ecosistemas y economías. También va a redefir qué trabajos crecen, cuáles se reconvierten y quiénes quedan más expuestos.
¿Cuáles son las fuerzas que están transformando el mundo del trabajo? Énfasis en las transiciones tecnológicas, climáticas y sociodemográficas.
¿Qué sectores crecen, qué ocupaciones se transforman, qué habilidades necesitamos y quiénes quedan más expuestos frente a estas fuerzas de cambio?
Construir el futuro implica capitalizar oportunidades y enfrentar riesgos. ¿Qué políticas públicas permiten avanzar en esa dirección? Estrategias vinculadas a protección, inclusión y calidad laboral.
Tres canales para pensar clima y empleo
Nuevas oportunidades
La transición hacia economías bajas en carbono ya está reconfigurando sectores enteros: energías limpias, movilidad eléctrica, agricultura sostenible y economía circular.
Transformación productiva
Descarbonizar no implica desaparecer sectores, pero sí transformar tecnologías, procesos y perfiles laborales.
Costo de la inacción
Olas de calor, sequías, inundaciones y huracanes alteran productividad, ingresos y continuidad laboral en distintos territorios.
Las nuevas oportunidades
La transición hacia economías bajas en carbono ya está reconfigurando sectores enteros: energías renovables, movilidad eléctrica, construcción eficiente, agricultura sostenible, economía circular y servicios ambientales.
En este canal, el cambio climático aparece como una oportunidad para crear nuevos empleos y transformar actividades existentes. Pero esas oportunidades no surgen automáticamente: dependen de políticas productivas, inversión, capacidades tecnológicas y formación laboral.
América Latina y el Caribe cuenta con ventajas relevantes para avanzar en esta agenda, desde su potencial en energías renovables hasta su biodiversidad, sus recursos naturales estratégicos y su capacidad para desarrollar soluciones de adaptación y mitigación.
Qué implica para la política pública
Formar habilidades verdes y complementarias.
Impulsar sectores estratégicos con potencial de empleo.
Mejorar la calidad de los nuevos empleos sostenibles.
Los costos de la transformación
Descarbonizar la economía no significa simplemente cerrar sectores o reemplazar empleos. En muchos casos implica transformar tecnologías, procesos productivos, cadenas de valor y perfiles laborales.
Algunas actividades intensivas en emisiones deberán reconvertirse para sostenerse en economías bajas en carbono. Esto puede afectar a trabajadores, empresas y territorios que dependen de sectores como energía fósil, transporte, agricultura, ganadería, industria o extracción de recursos.
El punto central es anticipar estos cambios. Si la transición ocurre sin políticas de acompañamiento, puede profundizar desigualdades laborales y territoriales. Si se planifica, puede abrir caminos de reconversión productiva y laboral.
Qué implica para la política pública
Anticipar sectores y territorios expuestos.
Diseñar programas de reconversión laboral.
Combinar protección social, formación e intermediación laboral.
El costo de la inacción
El cambio climático ya está afectando el trabajo. Olas de calor, sequías, inundaciones, incendios y huracanes alteran la productividad, los ingresos y la continuidad laboral en distintos territorios.
Este canal muestra que no actuar también tiene costos laborales. Los impactos físicos del clima afectan especialmente a trabajadores en agricultura, construcción, transporte, turismo y actividades informales o al aire libre.
En una región con altos niveles de informalidad y protección social limitada, los eventos extremos pueden traducirse rápidamente en pérdida de ingresos, interrupción del trabajo y mayor vulnerabilidad de los hogares.
Qué implica para la política pública
Invertir en adaptación con impacto laboral.
Fortalecer protección social frente a shocks climáticos.
Incorporar el clima en las políticas de empleo y desarrollo territorial.
La agricultura familiar en la intersección
La agricultura familiar permite ver cómo los tres canales se cruzan en un mismo sector. En los países andinos, cerca de un tercio de la población ocupada trabaja en la agricultura. En otras subregiones, como Centroamérica, el Caribe y zonas rurales de Brasil y México, también concentra una parte importante del empleo rural.
Como oportunidad, la adopción de prácticas sostenibles puede mejorar la productividad, reducir el impacto ambiental y fortalecer la resiliencia climática. Pero como desafío de transformación, reducir emisiones sin destruir medios de vida rurales exige modificar prácticas productivas y cadenas de valor.
Al mismo tiempo, la agricultura familiar está directamente expuesta a sequías, eventos extremos y cambios en la disponibilidad de agua. Por eso, su sostenibilidad no puede abordarse desde un solo canal: necesita combinar adaptación, reconversión productiva e inclusión social.
Por qué importa
Dada la escala del empleo agrícola en la región, avanzar en esta dirección no es solo un desafío sectorial: es parte central de una estrategia de transición justa.
Uniendo piezas: un diagnóstico integrado
Los tres canales que conectan al cambio climático con el futuro del trabajo no operan de manera aislada. La expansión del empleo verde, la reconversión productiva y la adaptación frente a impactos físicos del clima se combinan de manera distinta según la calificación, el género y el territorio.
Los canales se combinan
En un escenario favorable, la expansión del empleo verde se combina con la reconversión de sectores intensivos en emisiones y el fortalecimiento de la resiliencia frente a impactos climáticos.
Esto implica aprovechar oportunidades asociadas a energías renovables, nuevos servicios ambientales y procesos productivos sostenibles, mientras se promueve una transformación productiva inclusiva.
Empleo verde · reconversión · adaptación.
Los impactos no se distribuyen igual
Las oportunidades verdes tienden a concentrarse en trabajadores de mayor calificación, mientras que los riesgos asociados a la descarbonización y a los impactos físicos afectan con más fuerza a trabajadores de calificación media y baja.
Los hombres predominan tanto en empleos verdes como en sectores intensivos en emisiones y ocupaciones expuestas, mientras que las mujeres enfrentan una mayor carga de trabajo de cuidados no remunerado.
Calificación · género · informalidad · protección social.
El territorio cambia el diagnóstico
En el Cono Sur, la diversificación productiva facilita combinar reconversión con energías renovables y minerales críticos. En el Caribe, el turismo sostenible convive con alta exposición climática.
En América Central y los países andinos, la agricultura y la disponibilidad de agua vuelven más intensa la relación entre clima, empleo y adaptación.
Cono Sur · Caribe · América Central · Países andinos.
Ampliar la oferta de habilidades para la economía verde
Promover la creación de empleo verde de calidad
Facilitar la reconversión en sectores en transformación
Fortalecer la protección social frente a eventos climáticos y transiciones laborales
Cuando el clima golpea, el cuidado también aumenta.
El cambio climático también transforma el trabajo que no se ve. Cuando una inundación cierra una escuela, una ola de calor aumenta las necesidades de asistencia o una sequía interrumpe el acceso al agua, alguien absorbe esa carga.
En América Latina y el Caribe, ese alguien suele ser una mujer. Los eventos climáticos extremos amplían una brecha ya existente: más cuidado infantil, más apoyo a personas mayores o enfermas y más tareas para sostener la vida cotidiana.
Por eso, invertir en infraestructura de cuidado resiliente al clima también es política de empleo, género y adaptación climática.
más tiempo dedican las mujeres que los hombres al trabajo no remunerado en América Latina y el Caribe.
mujeres están fuera del mercado laboral global por responsabilidades de cuidado.
Fuente: OIT, 2024.puestos podrían crearse hacia 2030 con inversiones en la economía del cuidado.
Fuente: Addati et al., 2019.Seis ejes para construir un futuro del trabajo más verde
El diagnóstico es solo el primer paso. El cambio climático plantea desafíos laborales que requieren actuar al mismo tiempo sobre las oportunidades, los costos de transformación y la adaptación. Para eso, el documento propone seis ejes complementarios de política pública.
Fortalecer habilidades para la transición verde
Actualizar la formación técnica, profesional y continua para responder a las competencias que demandan los sectores verdes y los procesos productivos sostenibles.
Impulsar la creación de empleo verde
Promover sectores estratégicos mediante políticas productivas, incentivos, compras públicas, innovación, financiamiento sostenible y apoyo a iniciativas locales.
Elevar la calidad del empleo emergente
Asegurar que los nuevos empleos sostenibles también sean empleos decentes, con ingresos adecuados, protección social, seguridad laboral y derechos.
Diseñar una economía verde inclusiva
Incorporar criterios de inclusión desde el inicio para que mujeres, jóvenes, poblaciones rurales y grupos subrepresentados accedan a las nuevas oportunidades.
Proteger a las personas en riesgo
Acompañar a quienes trabajan en sectores expuestos a la transición o a impactos climáticos mediante protección social, formación, intermediación y apoyo a los ingresos.
Consolidar condiciones habilitantes
Fortalecer coordinación institucional, financiamiento, sistemas de información, diálogo social y capacidades territoriales para sostener la transición en el tiempo.
La transición climática no se traduce automáticamente en mejores empleos. Para que abra oportunidades reales, necesita políticas que conecten la agenda ambiental con el desarrollo productivo, la formación, la inclusión y la protección social.
Formación para las habilidades verdes
Algunos países están avanzando en esquemas de formación vinculados con sectores estratégicos como energías renovables, minerales críticos, construcción sostenible y agricultura climáticamente inteligente.
La clave es que la oferta formativa no quede desconectada de la demanda real: mesas sectoriales, certificación de competencias, microcredenciales y formación dual pueden ayudar a reducir esa brecha.
Compras públicas y agricultura sostenible
Brasil desarrolló experiencias de compras públicas agroecológicas que ayudan a reducir el riesgo de adoptar prácticas sostenibles y crean una demanda más estable para productores familiares.
Este tipo de instrumentos muestra cómo una política pública puede combinar objetivos ambientales, productivos y laborales.
Verde no siempre significa decente
Actividades como reciclaje, reforestación, agricultura sostenible o turismo de naturaleza pueden contribuir al ambiente, pero muchas veces se desarrollan con ingresos bajos, informalidad o protección social limitada.
Por eso, los incentivos verdes pueden incorporar condicionalidades laborales: formalización, remuneraciones adecuadas, seguridad social y estándares de salud y seguridad.
Inclusión desde el diseño
Las oportunidades verdes tienden a concentrarse en sectores masculinizados y de mayor calificación. Si las políticas no incorporan criterios de inclusión desde el inicio, pueden reproducir desigualdades existentes.
Algunas herramientas posibles son becas, cupos, mentorías, formación flexible, orientación vocacional verde y criterios de diversidad en programas de empleo o incentivos productivos.
Protección social adaptativa
Brasil utilizó Bolsa Família para acelerar pagos ante emergencias climáticas. Perú, Ecuador y República Dominicana también muestran experiencias de ampliación de transferencias mediante registros sociales integrados.
Estos instrumentos permiten responder más rápido frente a shocks climáticos y proteger ingresos cuando las personas no pueden trabajar o pierden medios de vida.
Transición justa con diálogo territorial
Chile estableció un proceso de cierre progresivo de centrales a carbón acompañado por mesas de diálogo territorial y acciones orientadas a reconversión laboral, desarrollo productivo local y diversificación económica.
Este tipo de experiencias muestra que la transición necesita instituciones, financiamiento, información y participación sostenida en el tiempo.
El futuro del trabajo, el futuro del planeta.
En Sur Futuro nos acercamos al empleo y clima desde una perspectiva latinoamericana. Conoce nuestro trabajo sobre clima y empleo.
El futuro del trabajo, el futuro del planeta
Empleo y clima desde una perspectiva latinoamericana.
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