Does Generative AI Narrow Education-Based Productivity Gaps? Evidence from a Randomized Experiment
La inteligencia artificial generativa ya forma parte de muchas tareas cotidianas: escribir, resumir, ordenar información, resolver problemas, preparar documentos o tomar decisiones con más datos sobre la mesa. Frente a ese cambio, una pregunta clave para el futuro del trabajo es si estas herramientas reducen o amplían las diferencias de productividad entre personas con distintos niveles educativos.
Para responderla, el estudio realizó un experimento con más de 1.100 personas adultas. Algunas resolvieron una tarea laboral con asistencia de IA generativa y otras lo hicieron sin esa herramienta. La actividad simulaba un desafío habitual del mundo del trabajo: analizar información, ordenar argumentos y proponer una solución a un problema de negocios.
El resultado es potente: la IA mejoró el desempeño de todas las personas, pero el salto fue mucho mayor entre quienes tenían menor nivel educativo. Sin asistencia de IA, las personas con mayor educación obtenían resultados claramente mejores. Con IA, esa distancia se redujo de manera fuerte: cerca de tres cuartos de la brecha inicial desapareció.
El estudio también permite mirar qué pasa cuando la herramienta deja de estar disponible. Allí aparece un matiz importante: las mejoras no parecen explicarse solamente por haber delegado la tarea en la IA. Cuando tuvieron que resolver una nueva actividad sin asistencia, quienes habían usado IA no tuvieron peores resultados que el grupo de control, que no la había utilizado. Además, las personas con menor nivel educativo conservaron parte de la mejora inicial, aunque una brecha educativa importante volvió a aparecer.
Esto muestra dos cosas al mismo tiempo. Por un lado, la IA puede ampliar capacidades y mejorar el desempeño en tareas concretas, especialmente entre personas con menor nivel educativo. Por otro, no elimina por sí sola las diferencias de fondo: las personas con mayor nivel educativo tendieron a usar la herramienta de manera algo más efectiva, haciendo mejores preguntas, aprovechando mejor las respuestas y combinando la asistencia de la IA con más esfuerzo propio.
Para América Latina y el Caribe, estos hallazgos abren una conversación clave. En una región marcada por desigualdades educativas y laborales, la IA generativa puede ser una ventana de oportunidad para reducir brechas de productividad. Pero ese potencial no se activa solo. Requiere acceso, formación y acompañamiento para que más personas puedan usar estas herramientas de manera crítica, productiva y situada.
La pregunta, entonces, no es solo qué puede hacer la IA, sino qué condiciones necesitamos construir para que sus beneficios lleguen también a quienes más pueden ganar con ella.
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