¿La sexta "R"? Reclasificar el trabajo de cuidado
Megan Ballesty l Julio 2026
Este artículo, publicado como parte del reporte de síntesis del Foro Multi-actor EU-LAC en el marco del Pacto Birregional por los Cuidados. Haz clic aquí para ver la publicación original
Las investigaciones demuestran que las trabajadoras y trabajadores del cuidado desarrollan habilidades cognitivas, relacionales y organizativas sofisticadas, lo que desafía la noción de que el trabajo de cuidado es elemental. A medida que las transformaciones demográficas, tecnológicas y climáticas reconfiguran los mercados laborales, la demanda de cuidados crece de manera estructural, situándola en el núcleo del futuro del trabajo. Sin embargo, sus dividendos para la creación de empleo, la igualdad de género, la productividad y la resiliencia no son automáticos. Reclasificar el cuidado como el sector complejo y vital que realmente es puede ayudar a liberar este potencial.
Los múltiples dividendos del cuidado
El cuidado es un segmento único del mercado laboral que genera retornos simultáneos en dimensiones fundamentales, no solo para las agendas sociales y de género, sino también para el futuro del trabajo:
Los sistemas de cuidado de calidad son un motor esencial para la igualdad de género. Hoy en día, las mujeres realizan la gran mayoría del trabajo de cuidado, tanto remunerado como no remunerado. Institucionalizar sistemas de cuidado que ofrezcan servicios accesibles y que, al mismo tiempo, sean una fuente de empleo de calidad, reduce directamente la carga desigual que limita la participación laboral y la autonomía económica de las mujeres.
Pero el cuidado es también un sector del futuro del trabajo por derecho propio.
Es una fuente de empleo importante y en crecimiento: el envejecimiento demográfico, el aumento de la esperanza de vida, la expansión de la demanda de servicios para la primera infancia y la creciente frecuencia de crisis sanitarias y climáticas están ampliando estructuralmente la necesidad de cuidados, con un fuerte crecimiento del empleo proyectado para las próximas décadas.
Es fundamental para la productividad futura: las habilidades cognitivas, socioemocionales e interpersonales - cada vez más valoradas en los mercados laborales - se cultivan en las primeras etapas de la vida a través de un cuidado de calidad. Invertir en la fuerza laboral del cuidado es, en este sentido, invertir en la base del capital humano de la economía del futuro.
Y es resiliente: el trabajo de cuidado se enfrenta a una baja exposición a la automatización, es inherentemente bajo en emisiones contaminantes y resulta esencial durante las crisis climáticas. In un mundo donde la tecnología y el clima están transformando los mercados de trabajo, destaca la solidez del trabajo de cuidado.
Estos dividendos, sin embargo, no son automáticos. En toda América Latina y el Caribe, la provisión de cuidados sigue atrapada en un equilibrio de baja calidad: el grueso del cuidado recae en las mujeres como trabajo doméstico no remunerado, mientras que el segmento del cuidado remunerado es mayoritariamente informal y mal remunerado. Un mejor equilibrio requiere desarrollar sistemas de cuidado institucionalizados y financiados adecuadamente que amplíen el acceso a los servicios, reduciendo la presión sobre el cuidado no remunerado al tiempo que se crean empleos de calidad. Habilitar trayectorias profesionales y sistemas de certificación para las trabajadoras del cuidado es, a su vez, esencial para lograr este objetivo.
Trabajo complejo, mal clasificado
A pesar de ello, el trabajo de cuidado sigue percibiéndose de forma generalizada como algo elemental; un supuesto arraigado no solo en las percepciones colectivas, sino también en las taxonomías ocupacionales que clasifican algunas profesiones del cuidado como de baja cualificación. Sur Futuro, en alianza con el sindicato de trabajadoras ATRAHDOM, realizó un estudio pionero sobre trabajadoras domésticas y del cuidado en Guatemala, Honduras y El Salvador. Basándose en casi 4.000 encuestas y en un marco de competencias alineado con la clasificación europea ESCO, los hallazgos son inequívocos: el trabajo de cuidado no es elemental.
Según el estudio, el perfil de competencias de las trabajadoras del cuidado puede estructurarse en torno a cuatro dimensiones: habilidades relacionales (comunicación interpersonal, empatía, construcción de confianza), autorregulación y resiliencia (control emocional, gestión del estrés, adaptabilidad), liderazgo e influencia (iniciativa, coordinación, negociación) y habilidades cognitivo-organizativas (planificación, resolución de problemas, gestión del tiempo). Estos perfiles coinciden con la evidencia de los países de la OCDE, donde las competencias relacionales y emocionales son igualmente centrales, lo que refuerza que el trabajo de cuidado implica habilidades complejas independientemente del lugar donde se realice.
Reclasificar el cuidado
Clasificar el trabajo de cuidado como algo simple o elemental no solo describe erróneamente al sector, sino que corre el riesgo de debilitarlo, restando argumentos a la necesidad de invertir en formación profesional, sistemas de certificación y trayectorias profesionales estructuradas. El marco de las 5R (Reconocer, Reducir, Redistribuir, Remunerar, Representar) ha sido fundamental para concienciar sobre la importancia del trabajo de cuidado y respaldar acciones concretas. Partiendo de esta base, proponemos una sexta R: reclasificar el cuidado como un segmento altamente especializado y estratégico para el futuro del trabajo. La reclasificación opera en dos frentes:
Primero, crea las condiciones institucionales para la profesionalización. Cuando el cuidado se clasifica como elemental a pesar de su enorme potencial para el desarrollo de habilidades y la profesionalización, los sistemas de formación carecen de base para diseñar planes de estudio especializados o marcos de certificación, y el único camino hacia la competencia sigue siendo la experiencia acumulada. La reclasificación invierte esta lógica, abriendo paso a trayectorias formativas estructuradas en torno a las competencias que demanda el sector y a certificaciones que permiten a las trabajadoras capitalizar las habilidades que desarrollan.
Segundo, reposiciona al cuidado dentro de la agenda del futuro del trabajo. Si el trabajo de cuidado se considera inherentemente simple, su rol como sector de alto valor sigue pasando desapercibido. La reclasificación sitúa al cuidado donde la evidencia dice que pertenece: al lado de la ciencia y la tecnología, la energía verde y otras áreas ampliamente reconocidas como prioridades estratégicas para la creación de empleo, la productividad y el desarrollo.
En definitiva, reclasificar el trabajo de cuidado por lo que es - un segmento sofisticado, especializado y crucial para el futuro del trabajo - es un paso clave para liberar su potencial como motor de empleos de calidad, productividad e igualdad de género.